APROVECHANDO MIOS VACACIONES VUELVO A PUBLICAR ESTA ENTRADA QUE TANTO GUSTÓ HACE UN AÑO.
Qué dramático, ¿no? Este fin de semana le he dado un pequeño repaso al libro "Piloti, che gente..." del único e irrepetible Enzo Ferrari. Este libro es de obligada lectura para cualquier seguidor de Ferrari e incluso de la Fórmula 1, no en vano el Comendatore pasa por ser el personaje más influyente de toda la historia de la competición automovilística mundial. Habrá gente que dirá que no es más que un producto del pasado, igual que hay gente que ha llamado a Stirling Moss "un acabado que nunca ganó nada". Un Moss al que Ferrari tenía gran respeto quizá por ser su mayor enemigo a finales de los '50 y principios de los '60. Hay gente que ha visto cuatro carreras desde su sofá y que se cree en posesión de la verdad.En fin. Realmente es difícil darse cuenta de que aquéllos eran otros tiempos, y de que no sólo se limitaban a Fórmula 1, con competiciones tan grandes como las Mille Miglia, la Targa Florio, el TT, las 24 Horas de Le Mans, etc.
A lo que iba: uno de los pasajes del libro se lo dedica Enzo Ferrari a Guy Moll. ¿Qué quié era? Leed:
"En el Gran Premio en Montecarlo en 1934 un novato batió a Varzi. Su nombre era Guy Moll, y tenía talento para ser uno de los mejores de todos los tiempos. Desgraciadamente se quemó muy rápido-como un meteoro-pero su recuerdo es imborrable.
En agosto de ese año Moll murió en el circuito urbano de Pescara cuando se estaba distanciando del Mercedes de Henne en la recta entre Montesilvano y Silvi Marina, donde se une con la autopista a lo largo del Adriático. El coche derrapó-seguramente después de un choque-y Moll trompeó fuera de la carretera y murió en el acto. Moll no era el primer extranjero en formar parte de mi escudería, pero era el primero en ser excepcional. Su madre era española, su padre un emigrante francés en Argelia, donde él nació. No puedo decir si era esa mezcla étnica lo que hizo un prodigio de él, pero en cualquier caso creo que puede ser comparado-al igual que Moss-con Nuvolari. El y Nuvolari tenían varias extrañas similitudes: compartían la misma agresividad, un estilo ded conducción fluido y relajado y determinación frente al riesgo.
Moll debutó en Monte Carlo y ganó en la última vuelta. Fue un triunfo extraño y sensacional al mismo tiempo porque consiguió alcanzar al héroe local, Chiron, con la defensa baja. Chiron estaba seguro de la victoria y se dedicó a saludar al público. Ese día Moll mostró por primera vez su estilo, dejó clara su personalidad de piloto y confirmó mi confianza en él. Para explicar cómo era basta una anécdota: durante una carrera en Montenero, Livorno, Moll se había distanciado de Varzi, pinchó cerca del pit, cambió la rueda en un momento y en una sola vuelta estaba a punto de recuperarle el liderato a Varzi. Iba a indicarle que fuese más lento pero justo cuando iba a enseñarle la bandera su coche empezó a derrapar en el medio de una curva. Moll cambió de marcha y-como en una película de ciencia ficción-me indicó mientras trompeaba que me había entendido. Yo estaba asombrado. Enderezó el coche y siguió la carrera. Nunca había visto una demostración tan grande de sangre fría y de autoconfianza; fue capaz de pensar en dos cosas al mismo tiempo, mientras su vida estaba en juego."
La lectura de este párrafo me ha hecho pensar: ¿Qué se diría dentro de 20, 30 ó 40 años de Hamilton si estas navidades se atragantase con un hueso de pavo y la palmase? Que podría haber rebasado el record de Schumacher de siete títulos. ¿O qué estaríamos diciendo hoy de Jean Alesi si la hubiese palmado después de la increíble carrera de Phoenix '91? Seguramente que nos quedamos sin el sucesor de Ayrton Senna y el único que realmente le plantó cara. Sin embargo... ¿Estaría tan mitificado Ronnie Peterson si la mala suerte o un mal médico no se hubiese cruzado en su camino? Gilles Villeneuve sería un mito aunque estuviese todavía vivo, pero ¿realmente alguien en sus cabales cree que hubiese sido campeón del mundo de no ser por su muerte? He escuchado a gente afirmar que sí, creo que llevados por su veneración al mito mas que por la cordura.
Cada uno que saque sus conclusiones que yo ya he sacado las mías.
Ésto se lo dedico a Salo. No a Mika Salo sino a mi sobrino Gonzalo, más conocido por Salo, quien estaba deseando que escribiese algo "de siempre".