Ari Vatanen y Jean Todt se han encontrado hoy en una reunión auspiciada por Max Mosley. La idea era asegurarle a los dos candidatos transparencia total en las elecciones que se celebrarán el próximo viernes día 23.
Vatanen debió salir convencido porque a continuación ha retirado la demanda que había prresentado en los tribunales parisinos para que la justicia garantizara la limpieza del proceso.
¿Os imagináis que la sede de la F.I.A. estuviese en España? Veamos: Vatanen presenta su demanda, el expediente llega al juez diez años después de celebradas las elecciones y para asegurar la legalidad a posteriori nombra a un grupo de funcionarios para supervisar la limpieza del proceso. La mitad de los funcionarios están de baja y los que acuden reclaman su derecho a la hora del bocata, con lo cual durante dos horas no hay nadie allí para vigilar nada. Como Vatanen es del partido conservador en los meses previos se desata una campaña en el grupo PRISA para descalificarlo. De Jean Todt no se preocupa nadie porque ya ha muerto. Vatanen sale elegido pero desde la asociación Jueces Para la Democracia afirman que el proceso está contaminado y hay que repetirlo. El juez Garzón toma cartas en el asunto y pide la extradición de Vatanen. Diez años más tarde otro juez(el primero ha sido apartado de la carrera judicial por sus extraños vínculos con un personaje que una vez cenó con un conocido líder de la ultraderecha y que el diario El País ha denunciado) dictamina que todo ha sido un amaño pero que los supuestos delitos han prescrito y que quien tiene que ocupar el cargo es "El Dioni", alcalde de Marbella y conocido banquero. Cuando todo parece cerrado el diario El Mundo publica unos documentos que demuestran que detrás del Dioni está la negra mano de ETA ya que en la sede de la F.I.A. de la calle Serrano se ha encontrado un CD de Mocedades. Finalmente el Partido Patético y el Partido Sinvergüenza Ortera Español deciden que lo mejor es dividir la Federación en 17 subfederaciones regionales en los que podrán colocar a sus allegados a cuenta de los presupuestos generales del Estado.
¿Irreal? No, real como la vida misma. Así es el patético país en el que vivimos.